Práctica y debate
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El «aprender» según Confucio abarca a la vez el estudio de los libros, la práctica y la formación personal, y se extiende a lo largo de toda la vida. El «xi» en «aprender y practicar oportunamente» designa la práctica repetida y la puesta en obra personal; aprender sin practicar no cuenta como verdadero aprendizaje. Por eso el «aprender» no es solo leer libros, sino que incluye también la práctica y la formación personal.
Esa interpretación reduce el «xi» al repaso y deja de lado la práctica y la formación personal. «Los antiguos estudiaban para sí mismos; los de hoy estudian para los demás» muestra que la finalidad del estudio es enriquecerse a uno mismo, no hacerlo para que otros lo vean. Si uno solo repasa los puntos del examen para sacar nota alta, cae en el estudio «para los demás».
La formación de la personalidad del junzi sigue un orden: el Shi despierta la voluntad, los ritos regulan la conducta y la música consuma la armonía. «Solo cuando lo esencial y lo ornamental están en armonía se es junzi» subraya el equilibrio entre la sencillez interior y la expresión exterior. Por eso el junzi no se limita a una única destreza, sino que es una persona de virtud íntegra y visión amplia.
Esta página trata la concepción confuciana del aprendizaje y la personalidad del junzi. Para Confucio, aprender no es memorizar conocimientos, sino una formación personal que dura toda la vida; el junzi es el ideal de personalidad al que aspira esa formación. Ambos se sostienen mutuamente: se aprende para llegar a ser junzi, y el carácter del junzi se manifiesta en un aprendizaje continuo.
La cuestión central es: ¿qué se aprende propiamente en el «aprender» de Confucio y para qué se aprende? ¿Cómo apunta a la personalidad del «junzi»? Los objetivos de aprendizaje son: explicar en qué se diferencia el «aprender» confuciano, en contenido y finalidad, del aprendizaje tradicional de pura memorización; explicar la relación entre aprender y pensar; enumerar algunos rasgos de la personalidad del junzi; describir el método mayéutico de Confucio y su enseñanza adaptada a cada alumno.
«¿No es acaso un gozo aprender y practicar oportunamente?»Analectas, «Xue Er»
Aquí «aprender» y «practicar» se presentan unidos, y se insiste en la práctica repetida y en la puesta en obra personal: aprender sin practicar no cuenta como verdadero aprendizaje. La finalidad del aprender no reside en el elogio externo. Dice Confucio:
«Los antiguos estudiaban para sí mismos; los de hoy estudian para los demás.»Analectas, «Xian Wen»
Estudiar para enriquecerse a uno mismo y estudiar para exhibirse ante los demás son dos actitudes distintas. En cuanto al contenido, el Shi, los ritos y la música constituyen la secuencia de la formación personal:
«Despertar con el Shi, afirmarse con los ritos, culminar con la música.»Analectas, «Tai Bo»
Confucio cuenta también de sí mismo: «A los quince años puse mi voluntad en el estudio; a los treinta me afirmé; a los cuarenta ya no tenía dudas» (Analectas, «Wei Zheng»), y concibe el aprendizaje como un proceso que dura toda la vida y avanza sin cesar, no como una tarea limitada a una etapa concreta.
En las Analectas, el junzi se opone al «xiaoren» (hombre mezquino). El término designaba originalmente a la persona de rango elevado, pero en Confucio el acento se desplaza hacia la virtud. El junzi no se limita a una sola habilidad o arte, por eso se dice «el junzi no es una herramienta» («Wei Zheng»); tiene el ánimo amplio, por eso «el junzi es sereno y ecuánime; el hombre mezquino vive angustiado» («Shu Er»); sabe convivir en armonía con los demás sin seguirles ciegamente, por eso «el junzi armoniza sin uniformarse; el hombre mezquino se uniforma sin armonizar» («Zi Lu»); ante cualquier asunto busca primero la causa en sí mismo, por eso «el junzi se exige a sí mismo; el hombre mezquino exige a los demás» («Wei Ling Gong»).
Confucio menciona además «el junzi tiene tres precauciones» («Ji Shi»), que advierten contra los desequilibrios de la sangre y el ánimo en las distintas etapas de la vida; y también «el junzi tiene nueve reflexiones» («Ji Shi»), que llevan la formación personal hasta el detalle de la mirada, el oído, el semblante, el porte, la palabra, la acción, la duda, la ira y la ganancia. «Solo cuando lo esencial y lo ornamental están en armonía se es junzi» («Yong Ye») insiste en el equilibrio entre la sencillez interior y la expresión exterior: descuidar cualquiera de los dos extremos impide ser junzi.
Reflexión: si tuvieras que replanificar una tarea de aprendizaje con la actitud del «estudio para sí mismo», ¿qué cambiarías?
«Aprender sin pensar lleva a la confusión; pensar sin aprender lleva a la inseguridad.»Analectas, «Wei Zheng»
Leer sin pensar lleva a la confusión y a no encontrar rumbo; pensar en el vacío sin aprender ni tomar referencias lleva a la duda y la inquietud. Ambas frases, juntas, muestran que aprender y pensar se condicionan mutuamente y deben alternarse. A esto corresponde también «repasar lo antiguo y conocer lo nuevo: así se puede ser maestro» («Wei Zheng»): repasar lo ya sabido no es repetir, sino obtener de ello una comprensión nueva, y solo entonces se está capacitado para enseñar.
Por el lado de la enseñanza, Confucio sostiene: «no abro la comprensión a quien no se ha esforzado por entender, no la expreso a quien no ha querido decirla; si muestro una esquina y no deduce las otras tres, no repito la lección» («Shu Er»): si el alumno no ha pasado por su propio esfuerzo de pensamiento, no se apresura a abrirle el camino, y le devuelve la responsabilidad de pensar. Defiende también «enseñar sin distinción de clases» («Wei Ling Gong»): recibir enseñanza no depende del origen social; y la enseñanza adaptada a cada alumno tiene numerosos ejemplos en el texto: ante las mismas preguntas sobre la humanidad o el gobierno, Confucio responde de modo distinto a cada discípulo, orientándolo según su propio carácter.
